Cuando suena una canción

Screenshot_2017-03-12-03-26-17Cuando la última oportunidad de estropearlo se cruza en tus pasos, cuando los dos estais solos frente al labio como en aquel poema de Gloria Fuertes, emerge una canción determinada. Se acentúan los graves en el sonido de ambiente y el latido se envalentona. La piel llama a la puerta dando pesados aldabonazos. Es tu inquietud palpitando eso que te dobla la camisa por encima del esternón. Yo en esas ocasiones oigo “Love”, de Nat King Cole.

Cuando la tarde declina, si te hipnotiza la pintura irregular de la pared y cualquier pensamiento atascado consume el reloj, cuando los libros son el único rincón de tu casa donde estar tranquilo como dijo Julio Cortázar, cuando un solitario se aburre y extraña fumar, suena el fraseo suave, casi sordo, y melancólico del “So What” de Miles Davis. Y el domingo anochece.

Mientras tú mismo te afliges, cuando te domina la última noticia, si el suelo te mira a los ojos. Cuando la espalda grita, cuando el talento duerme, cuando el teclado bosteza. Si el sol te deprime. Si las nubes te deprimen. Cuando una canción simple y bella colorea la negrura. Para salir del atolladero, para “smile all the time”, escucho “How to fight loneliness”, de Wilco. Hazlo pocas veces, es para que funcione.

Cuando la vida segrega adrenalina, cuando te imaginas en el éxtasis de un concierto, en la antesala del orgasmo, arrastrado por un torrente de endorfinas. A 140 por la autopista, conduciendo sin rumbo fijo, con el brazo izquierdo sobre la ventanilla y el derecho tamborileando en el volante. En el primer beso. “Cuando toco no soy bajito ni llevo gafas ni siquiera soy judío”, dice Woody Allen, que hace jazz además de películas. Cuando suena “Love will tear us apart” -tanto por Joy Division como por Calexico– yo, tampoco.

En una manifestación contra la guerra de Vietnam, en la banda sonora de “Forrest Gump”, en los créditos de “El Señor de los Anillos”. Cómo era Neil Young antes de ser Neil Young. Cuando te vistes de otoño. La primera canción para escuchar en vinilo. Un cenicero anegado de ceniza. La espuma de la cerveza calando la barba. Una manera de enamorarse del folk rock. América sin haber estado. “For What It’s Worth”, de Buffalo Springfield.

El solo de Nels Cline en “Impossible Germany”.  Todo el “Harvest Moon” pero sobre todo “You and me”. Los nocturnos de Chopin. El disco “Alborada do Brasil” de Carlos Núnez. Algunos versos de Quique González que te vuelan la cabeza: “Hoy nos esperan besos a traición”. Miles Davis admitiendo a John Coltrane en el grupo. Dylan en el festival de Newport, cuando electrificó su música y los más intolerantes le acusaron de alta traición al folk: “¿Qué pasa, aún estáis leyendo el periódico de ayer?”, dijo. Enrique Morente. Charlie Parker. El Village Vanguard. Tú y yo bailando “Madame George”.

 

[ Fotografía: Pablo Araújo ]

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s