Galicia depende

faramontaos

El refranero popular provee de la opinión que cada cual necesita según el momento. Yo creo que en ningún lugar como Galicia existe semejante acervo de frases filosóficas, legadas de generación en generación como la desconfianza o la morriña, inherentes a los que somos de aquí pese al tiempo y la distancia, con independencia de la desazón y la crudeza. En el documental Brasil Somos Nós, Carlos Núñez lleva una muiñeira de improviso a un geriátrico de gallegos emigrantes que dejaron la tierra hace tanto que la llevan viva muy dentro, en una herida dulce y dolorosa, eterna, que aún supura. Con las primeras notas empezaron a brotar los llantos -que parecían lluvia-, seguidos de los intentos de varios impedidos por echarse a bailar.

La madre de mi tío, “que en paz estea” (aquí se apostilla así), apenas podía moverse, salvo cuando yo tocaba la gaita, todavía torpemente siendo un niño. Amadora se arrancaba “a bailar nunha perna”. Como si no tuviera artrosis ni diabetes. Como si el mundo fuera a derrumbarse. Mi abuela prefería sentarse a escuchar en el patio de casa, mientras deshacía las vainas de las habas o pelaba patatas. Cuando hacía un alto entre canciones, para tomar resuello, o cuando terminaba de ensayar (podían ser horas en los veranos de mi adolescencia), me decía: “Esa nota saíuche algo atrapallada”. Y yo empezaba otra vez, entre motivado y cabizbajo.

Los entierros son el principal y más multitudinario acto de la vida social gallega, solo superado por alguna fiesta popular. Dentro de lo que cabe están bastante ligadas ambas representaciones, no como en Nueva Orleans pero notablemente para un lugar supersticioso y místico, donde los muertos están más presentes que los vivos, como en esa frase de Miguel Delibes en Señora de rojo sobre fondo gris: “Cuando alguien imprescindible se va de tu lado, vuelves los ojos a tu interior y no encuentras más que banalidad, porque los vivos comparados con los muertos resultamos insoportablemente banales” . El alivio de luto comienza cuando el viudo o viuda se deja ver “en la orquesta” por primera vez.

Los asistentes a los entierros son legión. Algunos entran en los templos, presentan sus respetos al muerto, e incluso lloran. Los más se ponen al día en el atrio de la iglesia y a la puerta del velatorio, primero bisbiseando, después con voz grave en bajito, finalmente en un coro unánime que te traslada al bar. Hasta el deudo se suma, porque lo entiende. Los funerales sobreviven a la pérdida y siguen adelante de forma automática gracias a frases como “Non somos nadie” (sic, aquí ninguién dice ninguén), o si el trance fue traumático, por inesperado, “o mellor é que non sufrira”. E incluso un “quitoulle Dios mil traballos” (de nuevo priorizo la realidad sociolingüística).

Siempre hay una conclusión que surte la sabiduría popular en momentos de incertidumbre. No son frases necesariamente conocidas por todos, porque esta forma única de pensar en Galicia ha ido moldeando en cada uno máximas irrefutables. Mi madre acompañó a unos familiares a urgencias durante la espera habitual, de esa mañana a casi la siguiente, en habitáculos repletos de toses y nervios. “Esperas tanto que se non tes nada xa o colles aquí”, me dijo al regresar, desarbolándome. Muchos hemos oído a ese paciente que coge las riendas de su estilo de vida, que se medica cuando lo considera (es tradición en esta tierra que la despensa esté llena de medicamentos de otra generación), que cura los catarros con un vaso de coñac, miel o licor de hierbas. “Cada un é médico do seu corpo”, zanja el que lo practica, lleno de razón. Quién puede discutirlo.

Habrá quien no nos entienda más allá de la barrera del idioma y de su variedad dialectal, que en mi opinión lo hace aún más poderoso, matizando su riqueza, construyendo lenguas tan distintas sin abandonar el mismo país. Ese gallego de Ourense tan parecido al de Salvador de Bahía, en Brasil. Ese verbo marinero que sesea en la costa, la gheada llena de bravura y salitre como el mar. Las derivaciones de vocales, las apócopes de consonantes de la lengua hablada en el interior. Para el que no nos entienda, para el que no comulgue con la filosofía de esta esquina del mundo, sirva uno de los dibujos de Castelao, el profeta de nuestro pensamiento: “Vostede terá moito dereito, pero eu teño moita razón”.

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2 comentarios en “Galicia depende

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