Sinceramente

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Algunos días deleznables pasan desapercibidos como un paisaje en un croma, saben a esas frutas relucientes de un comercio de muebles de cocina -huecas por dentro-, o recuerdan a un anuncio de dentífrico en el que todo seduce aunque especialmente la boca. Secuencias inverosímiles con una disposición cartesiana de las cosas y sonrisas almidonadas de personas que quizá, después de grabar, se recogen en casa, gimen y lloran. Aceptamos la realidad del mundo tal y como nos la exhiben, por eso el PP arrasa. Es lo que Christof (Ed Harris) aduce en El show de Truman cuando el personaje de Jim Carrey destapa y discute la vida bajo el Gran Hermano.

He pasado tardes de mierda, tras un fino velo que las disimulaba, frente al ordenador, con el piloto automático. Hay que ver cómo se escriben algunas páginas solas. El zapeo en la tele a la misma hora, cuando el volumen se dispara. Las cuatro y hay que regresar. Esa señora espera el autobús sobre la acera como en medio de una zanja. Todas las noches un beso y hasta mañana. La gata rayando el parqué a la 1 de la madrugada, mientras la madera del techo crepita. El Dépor empieza perdiendo y el bucle nunca acaba. El paripé de cada jornada en las redes; zasca, esto de, abro hilo, madre mía.

Una respuesta complaciente al jefe en la distancia, atrincherado en el teléfono. El cinismo de los “buenos días, ¿qué tal? Me alegro”, cuando nada más lejos. No sé nada pero lo pongo en el currículo. Las ganas de que termine la semana, pese a que empieza de nuevo. La torpeza que nos embarga hasta en las mayores empresas, incluso a Carver le pasó: quería suicidarse y falló el tiro.

Todo está programado para que la mentira sea aparente, para que el engaño vista con galantería. “Los programas están para no cumplirlos. Las campañas, para decir cosas que luego no se hacen”, avisaba Tierno Galván. “Nunca se miente tanto como antes de las elecciones, durante la guerra o después de una cacería”, opinaba al respecto Clemenceau. Aunque el sentido de estos días lo trazó Alvite como nadie: “La sinceridad consiste en contar siempre la misma mentira”.

El show de Truman. Fuente: Youtube
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Rajoy caminando deprisa

rajoy caminando

Un presidente que se precie se mueve al ritmo de su país. A un paso leve y sin importunar. Allegro ma non troppo. A favor de la pendiente. Sin llegar a acelerar, para que no se mueva el lienzo. Por si hay que esperar a que escampe. Es tradición que cuando Rajoy viene a Galicia recorra con sus amigos y/o cargos del PP la Ruta da Pedra e da Auga, un sendero entre los municipos de Meis y Ribadumia, en la provincia de Pontevedra. Ha quedado para las hemerotecas su declaración al término de una de aquellas caminatas rápidas, con el cerco de sudor horadándole la frente y las gafas empañadas. Con los periodistas esperándolo a la salida, como a un futbolista a pie de campo, Rajoy apremiaba al PSOE, el pasado mes de agosto, para que desbloqueara la investidura. Unas semanas después los socialistas transformaron el no es no en depende, tan condicional, tan gallego.

“Siempre he preferido caminar rápido a correr. Es mi manera de alcanzar los objetivos, porque cuando no corres, tienes menos posibilidades de tropezar, se justificaba Rajoy en un vídeo de campaña, antes de las últimas generales, que su equipo tituló, sin rodeos, “Caminando Rápido”.  El presidente de España exhibe en las redes sociales su pasión por su deporte favorito, como hace unos días en Brasil y Uruguay. En el país carioca colgó una foto desde una carretera inhóspita, como saliendo de un thriller, solo que en pantalón de deporte y manga corta.

El Rajoy que se ejercita ha sido carne de múltiples memes. Ha sido incluso un disfraz. El uno, dos, uno, dos, y ese juego de brazos hierático, como un saxofonista de jazz al final de un puente, también son marca España. Mostrando cómo camina se deshace de su sombra de burócrata y hombre gris, de señor de clase acomodada, de registrador con plaza a los 23. De su caminata vigorosa ya hizo gala ante toda España dejando sin resuello a Susana Griso, estirando la serie tan exitosa que había iniciado con Bertín Osborne, a quien dio una de sus mayores exclusivas: ¿Te parezco tan aburrido como dicen algunos?, preguntó el presidente durante una partida de futbolín. “Ni de coña. Tienes una retranca gallega que tienes que explotar más”, aleccionó el cantante.

Los argentinos recuerdan a Carlos Gardel (1890-1935) diciendo que, aun hoy, canta mejor cada día. Me gusta pensar que a Mariano Rajoy lo recordaremos por sus andaduras, y sus andanzas. Visitando cada aldea de Galicia en la campaña del todo o nada, que encumbró a Feijóo y le dio oxígeno al frente del partido, en 2009. Huyendo de los periodistas, atrás después de un “por favor”, camino del ascensor y el garaje cuando España se asomaba al precipicio. Aguantando con estoicismo y una media sonrisa los gritos de ladrón, en su reciente visita a Uruguay, arrancando como se ejercita hasta buscar refugio en el saludo con el presidente Tabaré Vázquez. Camino próximamente de la sala de la Gürtel, para declarar como testigo. Avanzando sin mover un dedo, para capear otra vez el temporal de la corrupción. Paseándose por la cola del paro, cuando aspiraba a presidente. Incluso sin dar un paso, deslizándose en el discurso como sólo él hace. “Todo lo que se refiere a mí y a mis compañeros de partido no es cierto, salvo alguna cosa”.

Fotografía @marianorajoy